Tú no eres mi jefa


Sasha Banks no ha cuajado todo lo que debería en WWE. Pese a ser una de sus mayores estrellas femeninas y un buen referente del wrestling femenino, hay un enorme consenso en torno a su figura: Sasha está lejos de lo que apuntaba en NXT. ¿Qué pasa con The Boss?

Partiendo de lo básico, aparantemente Sasha lo tiene todo para ser una estrella. Pocas chicas en la historia del pro wrestling mayoritario han llegado con tantísimas cualidades a la élite. Colosal talento en el ring, enorme desempeño con el micrófono, juventud y hasta una imagen rompedora. Sasha no podría estar más lejos del estereotipo de Diva que tanto busca enterrar. Por tener, tiene hasta un padrino llamado “Snopp Dogg” que no le ha abierto la puerta, sino que ha sido un añadido una vez Banks se hizo hueco por sí misma.

¿Qué ha ido mal para que con todas esas cualidades no hayan sido capaces para establecerla aún como el gran referente de una auténtica nueva era en el pro wrestling femenino?

Sasha no ha estado a la altura en ciertas ocasiones, pero esto es algo secundario. Suele ser muy fácil echarle la culpa de todo a ese a veces indefinido ente que es “la WWE”, “Vince” o “La directiva” pero con las 4 horsewomen se ha vivido un problema de base que también han sufrido luchadores como los American Alpha o Sami Zayn. Banks ha vivido desde el minuto 1 un problema de posición y desarrollo que aún a día de hoy la condiciona.

Sasha Banks comenzó su andadura en NXT de la mano de Summer Rae (BFF´s) para establecerse. La rookie pronto se autoproclamó como “The Boss”, pero de momento no era más que el eslabón débil de una alianza que también incluiría a Charlotte para suplir la pronta subida de Rae al main roster. Sasha era una chica con aspiraciones y carácter, pero más palabras que hechos. El resto de la historia probablemente sea más recordado. 



Tras romper con una Charlotte ya campeona, Sasha se convirtió de verdad en “The Boss”. Era dueña de sí misma y pronto lo sería de NXT, mostrando una meteórica progresión en todo aspecto y convirtiéndose en, posiblemente, en el talento más completo e influyente de NXT por encima de Kevin Owens y Finn Balor. Sasha llegó a ser considerada como uno de los mejores wrestlers (tanto hombres como mujeres) del año 2015 por varias publicaciones y periodistas, algo que no se veía desde hace décadas en los medios americanos. Por si esto fuera poco, Sasha desarrolló su gimmick al máximo, dejando huella de manera refrescante e intensa. Definitivamente, Sasha Banks era una de las mayores estrellas del pro wrestling mundial.

Sasha subiría al main roster con los mayores credenciales que jamás una fémina había tenido en WWE a nivel de promos y combates a la tierna edad de 23 años, pero algo falló. La calamitosa storyline de la Divas Revolution y su pésima ejecución dejaron a Sasha en un segundo plano llamado Team B.A.D aka Naomi, Tamina y Sasha aka “Miradnos, no somos blancas y somos malas”. Sasha fue, por lejos, la menos desarrollada de los principales actores de la rivalidad. Charlotte nos recordó una y mil veces que era la hija de Ric Flair, mostrando ser genéticamente superior. Nikki Bella nos recordó una y mil veces que era el principal sustento de la presente división femenina y que iba a seguir siéndolo defendiendo su título. Sasha nos recordaba que era “The Boss” diciendo una y mil veces que era “The Boss”, lo cual no fue la gran cosa.

Una vez encauzada esta pésima situación, Sasha pasó a una rivalidad total con Charlotte en la que la salió muy mal parada. 3 veces pasó el título femenino por su cintura, siendo incapaz de defenderlo con éxito ni una sola vez. Title changes en TV que se desvanecían a la hora de la verdad. A día de hoy y con ya 4 campeonatos, nadie diría que Sasha Banks ha sido campeona femenina de WWE. Por si fuera poco, la WWE forzó hasta límites ridículos el hecho de que Sasha, Charlotte y compañía estaban haciendo historia. Cada dos días salía una entrevista en las que las propias luchadoras lo recordaban, cual Mariano Rajoy anunciando una “histórica recuperación económica” o Artur Mas convocando “una jornada histórica” en el proceso catalán. Sasha llegó a ser tan cansina como estos dos personajes, y es que cuando algo histórico está pasando no hace falta recalcarlo a los cuatro vientos pues es algo evidente. ¿De verdad la supuesta ama y señora del wrestling femenino debía recordarnos que lo era de una manera tan fácil y barata?


Está claro que es difícil insertar a un personaje en WWE TV, pero con Sasha lo tenían relativamente fácil. En el caso de American Alpha, cuyo atractivo principal no era otro que la amistad que forjaron pese a que lo único en común que tenían era el wrestling amateur, parecía más complicado. Con Sasha la situación era mucho más fácil puesto que no era estrictamente necesario reconstruir su ascenso como una chica independiente, bastaba con demostrar quién es.

Sasha Banks supuestamente es “The Boss”. Como diría Pep Guardiola, Sasha era “La puta jefa y la puta ama” del pro wrestling femenino, cuando no ha demostrado serlo ni una sola vez en el main roster. La jefa no manda ni es dueña de nada en WWE. Sasha es una jefa que es incapaz de mandar sobre la división; ya que es totalmente incapaz de defender su título, no ha logrado alcanzar el nivel mostrado en 2015 y no ha generado el brutal impacto que muchos esperaban. Todo sobre lo que se sustenta Sasha Banks como personaje son unos cimientos sobre los que la WWE ha martilleado, escupido y manchado. Viendo esto, parece complicado recuperar el momentum, pero realmente no lo es tanto.


Sasha Banks sigue siendo el talento femenino con mayores cualidades de WWE, y por bastante. No hay una chica tan joven y con tanta proyección en todos los ámbitos del sports entertainment como ella. El problema es de enfoque y posición.

Desde su ascenso, Sasha no ha sido capaz de replicar sus sensacionales combates de hace dos años, pero ha dado cosas interesantes trabajando también desde el lado babyface con unas compañeras de baile mucho peores. La mejor Bayley y la mejor Becky Lynch están varios peldaños por encima de las Alexa Bliss o Charlotte (con quien tuvo el hándicap de quemar hasta la saciedad sus combates) por lo que Sasha sigue mereciendo confianza en el cuadrilátero. Teniendo esto en cuenta, parece claro que lo principal es devolverle el puesto a “The Boss”.

Por supuesto que “The Boss” no se refiere literalmente a la señora que está a cargo de una empresa, pero el jefe siempre tiene un componente autoritario y, por qué no decirlo, que no suele caer bien. El jefe manda, domina y actúa intentando sacar adelante su proyecto y Sasha no debe ser la excepción. El bando face le necesita teniendo a dos luchadoras de referencia como son Alexa Bliss y Nia Jax en el bando heel, ya que Bayley está lejos de haberse consolidado como babyface. Esto puede y debería cambiar a medio plazo, ya que con la inminente subida al main roster de Asuka y la cada vez más cercana coronación de Nia Jax, la división podrá ajustarse. De encontrarse con un refuerzo en el bando de las buenas, “The Boss” podrá, al menos, intentar reclamar su puesto como dueña del pro wrestling femenino en la marca roja.


Esto no garantiza que Sasha alcance lo prometido o que la situación mejore drásticamente, pero al menos los fans tendremos la sensación de que se está invirtiendo en el mejor talento del que dispones. No se pueden negar los méritos de esta Sasha, cuyo merchandising se vende como pan caliente y aún cuenta con una enorme fanbase que apuesta por ella, pero es evidente que si bien esta Sasha Banks funciona, “The Boss” arrasó y cambió el paradigma del wrestling femenino en WWE.
 
El futuro seguirá siendo brillante para Mercedes Kaestner-Varnado, la cual tendrá la vida resuelta haciendo lo que le gusta hasta que ella lo decida. Sin embargo, el futuro del pro wrestling femenino será más brillante si la WWE permite a Mercedes volver a ser lo que siempre estuvo destinada a ser: The Boss of Women´s Wrestling.

Kingbilbin

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