THIS SHIT...

THIS SHIT IS ABOUT
TO GET ROYAL  REAL


        

Lo típico. Pasan las navidades y lo hacen con un vacío de PPV que en teoría se agradece bastante pero tras él, cuando te das cuenta, tus ganas de wrestling se han ido al carajo...



Has pasado semanas con tus amigos y familiares o bien has estado trabajando como un negro en la New Orleans del Siglo XIX y por una razón u otra el wrestling ha pasado a un tercer plano en tu vida. Quizá ni siquiera tienes demasiadas ganas de seguir viendo el producto, y es que desde Summerslam has tenido mejores cosas que hacer que ver a dos personas haciendo como que se pelean. Y por eso nos mola tanto Royal Rumble.

Royal Rumble es el primer gran evento del año en WWE y no puede funcionar mejor. Si el kayfabe fuera cierto, sería una tremenda estupidez. ¿Por qué el derecho a ir al main event del evento más grande del planeta se consigue de una manera tan poco “luchística” como echar por encima de la tercera cuerda a tus oponentes con hasta 30 tíos sobre un ring? Por suerte, el wrestling no va de esto y lo que se consigue es algo genial.

Royal Rumble es una máquina de ilusión con 30 ranuras. De repente, “cualquiera” tiene ciertas opciones de conseguir un logro mayúsculo y definir todo lo que queda del año en este negocio. Y es por eso que el Rumble actúa como el mejor catalizador posible en estas épocas del año. La ilusión se desborda al ver a tu upper card favorito con, por pequeñas que sean, opciones de hacerte feliz. Y eso no es todo.

El formato de entradas del rumble con countdown genera siempre expectativa. 30 números y ningún límite, solo tu imaginación. La siguiente entrada puede ser un luchador del roster, una leyenda que vuelve, el fichaje del año a lo AJ Styles o incluso Shaquille O´Neal, haciendo que cada segundo de este match sea oro. De cada entrada en ciertos momentos, se abren mil puertas en forma de feudos que pueden surgir en ese caos que se forma sobre el cuadrilátero. Simplemente ver a luchadores que acaban de aparecer teniendo careos o eliminaciones ante otros contra los que nos gustaría verlos estimula nuestra mente y nos hace pajabookear durante la siguiente semana con una sonrisa en la cara.




Es por esto que el Royal Rumble tiene también una exigencia muy alta. El aficionado que llega sin muchas ganas espera un espectáculo que le devuelva la motivación para reengancharse a una de sus aficiones mientras que el que ha seguido viendo el producto en temporada baja busca algo que le haga parecer que no ha perdido el tiempo estos últimos meses. Es hasta un buen momento para enganchar a Fiti, tu colega del trabajo que dejó de ver wrestling en 2008 y hacerle caer de nuevo. Y es que puedes quedar mal delante de tu novia, tu jefe, o tu madre, pero no delante de Fiti.

Un mal Royal Rumble puede desplomar definitivamente tus ilusiones por reengancharte. De verdad quieres que salga bien y tienes motivos para ello, así que los reveses duelen más. Un ganador excesivamente predecible o un bookeo forzado y desastroso (Anda, que casualidad, los dos últimos Rumbles) van a generar más controversia que lo que pase en el propio Wrestlemania, debido a las fechas en las que se celebran estos eventos.

Por eso quiero pedirle varias cosas a la WWE:

La primera son leyendas, de esas que sabes que no van a ganar pero que te sacan siempre una sonrisa. No es que sea fan de Kurt Angle, ni muchísimo menos, pero reconozco que un retorno sorpresa haría disfrutar de lo lindo a casi todos.

La segunda es un bookeo razonable que permita que de verdad haya un desarrollo e storylines, y es que ver a Goldberg y Lesnar matando a todos parece inevitable, pero me gustaría que el resto pudiera iniciar otros caminos aquí.

La tercera es un ganador correcto, que sea digno de un main event de WM o que en su defecto suponga un shock capaz de conmocionar e ilusionar al mismo tiempo. Lo habéis adivinado, hablo de Kenny OmeJAJAJAJAJAJAJAJAJA.

La cuarta es la última y por partida doble. El número 30 del Royal Rumble reúne casi todo lo anteriormente citado en este artículo. Es la traca final, rodeada de incógnita y expectativa. La responsabilidad de ser el game changer del combate del año.

Ustedes, niños y no tan niños de la attitude, desarían que hubiese sido The Rock y no X- Pac. 

Para ustedes, niños y no tan niños de esta “nueva era” con algún tipo de tara mental severa que les impide tener buen gusto y les convierte en unos putos paletos (perdón, la vena hater y soberbia me ha podido) será Triple H en 2016.

Y para mí, uno de tantos niños y no tan niños de aquella generación del 2007-2008 que vivió el resurgir del “pressing catch” en España, no puede ser otro que este hombre.



                     
El bombazo final del Rumble debe ilusionar, cambiar el rumbo del combate y tener opciones de ganar. Fuera de eso, me da absolutamente igual quien sea, porque yo no he venido aquí con una bufanda de ningún luchador (si acaso el poster tamaño real y en 3D de Dolph Ziggler) cerrándome en banda a su victoria. Yo he venido a pasármelo bien y a recordar por que disfruto tanto de esto. Y es que en estas fechas para el aficionado al wrestling, this shit is about to get royal.


@Albertotamame20

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