Una empresa, un título, un camino


La separación de marcas ya está aquí, y con ella toda una corriente de cambios, novedades y, si se me permite, (posibles) errores.
Cambios, porque toda la concepción actual de intermarcas, show conjuntos y títulos movibles desaparecerá; novedades, porque no sabemos qué ocurrirá con la división tag o la renacida división de mujeres y el devenir de los campeonatos; y (posibles) errores, porque la legitimidad adquirida por el WWE WHC y la competencia global por él se esfumará c̶o̶m̶o̶ ̶s̶e̶ ̶e̶s̶f̶u̶m̶a̶n̶ ̶c̶a̶d̶a̶ ̶d̶í̶a̶ ̶l̶a̶s̶ ̶r̶a̶z̶o̶n̶e̶s̶ ̶p̶o̶r̶ ̶l̶a̶s̶ ̶q̶u̶e̶ ̶M̶o̶j̶o̶ ̶R̶a̶w̶l̶e̶y̶ ̶s̶i̶g̶u̶e̶ ̶b̶a̶j̶o̶ ̶c̶o̶n̶t̶r̶a̶t̶o̶. Es precisamente en este último punto donde quiero rascar, a riesgo de que posteriormente WWE no
haga lo que tanto tememos algunos y este artículo quede en la nada. Y cuando lo leáis, veréis porque deseo que ojalá sea así.

El WWE WHC entró en vigor cuando, allá por 2013 y con Randy Orton y John Cena peleando por su unificación, los por entonces separados WWE Championship y WHC se unieron en un todo renombrándolos con el denominador actual. Desde entonces, y con un aura completamente distinto a la que tenían ambos campeonatos por separado (especialmente el WHC, convertido a mero título IC y a la vez este en… nada), el WWE WHC encontró su pico y ejemplar portador en el luchador más legítimo y arrollador que posiblemente haya pisado nunca un ring de la empresa de los Mcmahon: Brock Lesnar. Y es que Brock, no solo contento con arrebatar la racha de Undertaker -en toda una jugada maestra por parte de Vince-, reformuló el cinturón y lo llevó más allá de los límites del kayfabe; a los ojos del espectador, no había luchador en el roster capaz de arrebatar tan preciado premio de los hombros de la Bestia.

Desde que Brock, Reigns y en los últimos instantes Rollins dibujasen una de las más impactantes historias de la era moderna, hemos observado como el cinto ha ido pasando por gente como el propio Seth Rollins, Roman Reigns, Sheamus o Dean Ambrose, y al margen de bookeos absurdos y reinados efímeros, el status de cima de la montaña se ha mantenido. El luchador que porta el título es el último paso a dar; el obtener el oro significa colocarte por encima de todos, independientemente de las circunstancias. Con la división de marcas, es decir, la separación de roster en dos y la distribución de PPVs acorde a esto, si deciden volver a partir el mundial en dos y entregar un trozo de pan a cada show, la magia y superioridad que obtuvo en su momento desaparecerá. La competición por ser el mejor se difuminará, pues para ser campeón mundial en una empresa con marcas independendientes no necesariamente tienes que ser el mejor de esta, basta con batir a los rivales de tu lado para obtener supuesto reconocimiento.

La razón de ser de un campeonato, y por extensión la razón de ser de los luchadores, es la competición por ser el mejor. No deja de ser la constante lucha de una persona por llegar a lo alto; el hambre de éxito que todo wrestler o luchador legítimo de otra competición tiene dentro de sí.
Esta persona, en dicha lucha (interna y externa; pero la interna es más difícil de plasmar), sufrirá trabas (feudos con otros luchadores; derrotas; lesiones; suspensiónes) para lograr su objetivo. Si eliminas el único campeonato, el único caramelo en el colegio, aun resultando suculento dar un bocado a parte de la manzana, no lucirá a los ojos del espectador como algo verdaderamente grande. No puedes colocar un supuesto campeonato mundial como opener de un WM y seguir pretendiendo que el wrestler que lo porte deba ser tomado como uno de las torres de la compañía.

Imaginad el reinado de Lesnar, que si bien fue criticado por sus pocas apariciones en el show poca gente niega ahora la mayor (que el título gozaba de salud e importancia), con el panorama de las brand split: el mayor atleta, el arquetipo de competidor insaciable, luchando por un título que ni si quiera se acerca al status de sí mismo. Y tampoco es necesario coger siempre a Lesnar como ejemplo; probad con Cena u Orton y recordad de nuevo los innumerables reinados que han tenido a lo largo de los años. Dos títulos y el roster dividido desembocan en múltiples reinados, algunos de ellos de pura transición; decaída de los títulos secundarios (aunque en WWE casi nunca han sabido bookear correctamente títulos secundarios como lo que son, un paso previo a la gloria); y campeones de papel o sin credibilidad.

Sí, no se me ha pasado por alto que, básicamente, un campeonato es tanto en cuanto bien bookeado está. Pero, y asumiendo que el hecho de bookear no es nada sencillo, mantener con status e historias dos campeonatos simultáneos es algo complejo y cansado. Esto deriva en lo de siempre: uno de los dos se erige como el verdadero (el WWE, al estar en la marca representativa históricamente y en donde las empresas gastan su dinero), y el segundo como el de consolación (el WHC, aquel que casi obtiene Santino Marella). Por supuesto, puede producirse que dentro de esta dinámica se den reinados muy estimables, como el Hall of Pain de Henry; pero no es la tónica general.

Si Vince y quienes quieran que sean los que manejan la empresa a parte de él hacen retrospectiva, espero que caigan de la burra y se planteen, mediante alguna medida ingeniosa, mantener el campeonato único con las dos marcas; quizá defendiéndolo sin distinción, lo que por otro lado fortalecería muchos a los campeonatos secundarios al situarse como los campeonatos top de cada marca. De lo contrario, volviendo tras los pasos de años atrás, nos encontraremos con fantasmas y pesadillas que nos serán familiares. Y viendo las audiencias de los últimos años, cada vez más bajas e inconsistentes, nadie querrá eso.

Stateof (@GarciaAlvaro1)

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